Día 20: Aunque el regalo se rompa

20 de diciembre. 2015

Cuando estrenamos una prenda nueva de ropa lo hacemos con ilusión, aunque nos cansemos de la prenda en cuestión a los pocos días. Cuando abrimos un regalo, sin saber lo que hay dentro, lo abrimos con ilusión, aunque luego nos demos cuenta de que no es lo que habíamos pedido. Cuando comenzamos un nuevo proyecto lo hacemos también con ilusión, aunque esta se mezcle con algo de miedo e incertidumbre. Y cuando compramos un décimo de lotería lo hacemos ¿cómo no? con la ilusión de que nos toque, aunque la mayoría de las veces no pillemos ni el reintegro

Las navidades son siempre fechas de ilusión, fechas de regalos, de estrenos, de proponernos nuevos proyectos para el año nuevo y de compartir lotería. El otro día decía que cuando nos hacemos mayores vamos perdiendo ilusión, por un lado porque nadie se preocupa de alimentarnos esa ilusión, pero quizá también porque acumulamos experiencias desilusionantes y aprendemos de ellas, o eso creemos. Aprendemos que lo que estrenamos se volverá pronto viejo, que el regalo se romperá algún día, que el proyecto no saldrá nunca adelante, y que el día del sorteo seguiremos igual de pobres. Pero si pensamos así, sólo estamos aprendiendo una parte de la historia, real, pero sesgada. A veces tenemos que pararnos a pensar en esa camiseta que años después nos sigue gustando, en ese regalo del que nunca olvidaremos quién y cuándo nos lo regaló, en ese proyecto que salió adelante y nos hizo conseguir un objetivo, o en esa lotería de la vida que tantas veces nos ha tocado.

Cuando alguien me dice en los cursos que es la experiencia la que nos hace aprender, o cambiar, siempre digo que no, la experiencia es sólo una acumulación de tiempo, somos nosotros los que con nuestra actitud decidimos aprender de unas cosas más que de otras, o los que decidimos con que actitudes nos enfrentamos al día a día. Y también somos nosotros los que elegimos quedarnos sólo con los platos más amargos que la vida nos ofrece, o los que optamos por recordar también, y sobre todo, los momentos más dulces y felices.

Llevo años viajando, me encanta viajar, y he tenido la tremenda fortuna de visitar países de lo más variado. He conocido Siria, antes de que se convirtiese en un campo de batalla, he presenciado una cremación en Bali, o he subido el monte más alto de África, el Kilimanjaro. Y a veces me doy cuenta de que, después de tanto viaje, estoy perdiendo la capacidad de sorprenderme, a veces ya no me sorprende ver un mercado en un pueblo perdido del Ecuador, pasear por un cementerio en África o dormir bajo un manto de estrellas en el desierto. Pero si pierdo la capacidad de sorprenderme la culpa no será de los lugares, ni de la experiencia, la culpa será mía. Porque aunque haya visto mil mercados, cada hombre o mujer que pasea por ellos será diferente, cada uno tendrá una mirada única, cada cementerio en cualquier lugar del mundo guardará distintas historias bajo la tierra, y cada noche de estrellas será distinta a la anterior. No es la experiencia la que decide que deje o no de sorprenderme o de ilusionarme, soy yo el que tengo que hacer el ejercicio de buscar en cada detalle un motivo para la sorpresa y la ilusión.

Por eso hoy, jornada electoral, es un día en el que decido ilusionarme con lo que vendrá, aunque la experiencia me diga que gane quien gane, todos, al final, se parecen y todo será más de lo mismo, aunque ahora piense que algo cambiará y dentro de cuatro años siga todo igual, aunque mañana nos vuelvan a engañar una vez más. Está claro que hoy algo va a cambiar en el panorama político, igual no es el inicio de una época, e igual el fin del bipartidismo sólo nos trae incertidumbre negativa, pero yo, ¿qué queréis que os diga? estoy con cierta ilusión. Y aunque no tenga nada que ver, porque el panorama es completamente distinto, hoy quiero recordar la ilusión con la que posiblemente votaron mi padre y mi hermano la primera vez que pudieron hacerlo, pensando sobre todo, en un mundo mejor, primero para ellos y luego para sus hijos. Y hoy quiero que mi voto lleve algo de esa ilusión, aunque los políticos rompan mi regalo en solo unos meses.

Al fin y al cabo soy libre de ilusionarme con lo que me da la gana, y esta navidad he decidido también ilusionarme con esos pantalones que voy a estrenar, con esos regalos que me traerán los Reyes, con ese proyecto que pensaré en realizar en 2015, y como no, conque el día 22 me toque la lotería.

Dicen que de ilusión también se vive, pero yo creo que lo que pasa es que muchas veces se muere de desilusión.

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