Día 21: ¿Vivir mucho o vivir bien?

21 de diciembre. 2015

La prestigiosa revista médica The Lancet ha publicado un estudio en el que afirma que, contrariamente a lo que se pensaba hasta el momento, las personas felices no viven más tiempo. Ni falta que nos hace, digo yo.

Durante años, cientos de artículos científicos han relacionado felicidad con salud y capacidad de supervivencia, pero parece ser que este nuevo estudio, realizado por la revista británica, tira por tierra las anteriores investigaciones indicando que no existe tal relación entre longevidad y felicidad, y que los que viven la vida en plenitud la palman exactamente igual que los que se sienten unos desgraciados.

Probablemente yo mismo haya dicho en alguna de mis conferencias, basándome en lo que había leído hasta el momento, que la felicidad incide directamente en el estado de salud, y ahora tenga que rectificar, a la vista de los nuevos datos, pero lo cierto, es que no me preocupa ni lo más mínimo. Siempre he pensado que la cuestión no es aumentar los años de vida sino aumentar la vida de los años. El hecho de no vivir más tiempo no debe de ser un motivo para renunciar a la búsqueda de la felicidad.

¿De qué te sirve vivir mucho si no eres feliz? ¿Tiene sentido acaso prolongar años de amargura? La cuestión no es cuántos años vivimos sino cómo los vivimos, la cuestión no es saber si vamos a llegar a los cien, sino cómo vamos a llegar a los setenta, y no sólo física y cognitivamente, sino también emocionalmente. Yo no busco la felicidad para estar más sano o vivir más años, la busco (y normalmente la encuentro) para vivir los que me queden con intensidad. De hecho tiene que ser una putada ser infeliz y vivir mucho tiempo (Y perdonadme que diga “putada”, pero un estudio de la Massachusetts College of Liberal Arts ha demostrado que las personas que insultan con frecuencia son más inteligentes que aquellas que no lo hacen).

Sinceramente prefiero vivir setenta años felices que llegar a los cien y pasar los treinta últimos habitando la desidida y la infelicidad. Pero esto no quiere decir que nos dejemos morir, al revés, lo que quiere decir es que nunca nos dejemos invadir por la desdicha emocional, que luchemos por mantener la ilusión y el optimismo de los que tanto he hablado este año en el blog. Se trata de que dotemos a nuestros años de los recursos, internos y sociales, necesarios para sentirnos siempre dichosos, agradecidos y generosos.

No somos inmortales, y eso es algo que nos cuesta creer, por eso no pensamos en la muerte, la negamos, la sacamos de nuestras vidas. Por eso hemos apartado de nuestra sociedad todo lo que tenga que ver con ella. Participamos en funerales descafeinados y preferimos no pensar en que un día nos tocará a nosotros. Por eso se la ocultamos a los niños, y vivimos como si no existiese. Lo que muchas veces ignoramos es que en el momento que asumamos la realidad de la muerte, la nuestra y la de nuestros seres queridos, seremos más capaces para disfrutar con plenitud la vida.

El otro día alguien me decía que creía en Dios, porque de lo contrario, no le veía sentido a vivir. “¿Qué sentido tiene hacer todo lo que hacemos aquí si después no hay nada?” me preguntaba. Para mí, independientemente de que haya o no un más allá, lo que hacemos aquí tiene todo el sentido, eso sí, si se lo sabemos dar. Por eso soy partidario de disfrutar al máximo y con intensidad de cada momento, porque soy consciente de que un día acabará todo, porque ser feliz no me garantiza vivir más, según los científicos, pero me lo hace pasarlo tan bien, que no quiero renunciar a ello.

En todo caso, ya sabéis que hay estudios para todos los gustos, así que preocupado, al fin y al cabo, por mi longevidad, dado que mi carácter optimista y feliz no me la garantiza, he buscado algún dato que me tranquilizara, y finalmente he podido confirmar que sí, que voy a vivir mucho y bien, según me indica una investigación de la Universidad de Cincinnati  publicada en 2014 que afirma que los guapos vivimos más.

Así que de nuevo la ciencia me dice lo afortunado que soy, viviré bien por ser feliz, y mucho por ser tan guapo, aunque con mucha probabilidad, acabe muriendo el día menos pensado, porque como dice una teoría de mi propia cosecha, los cachondos también la palman.

 

compartir en
subir