Día 22: Día de la lotería

22 de diciembre. 2015

Me gusta levantarme el día 22 de diciembre con el tradicional, y repetitivo soniquete de la voz de los niños de San Ildefonso en el teatro Real, cantando los números de la lotería. Me trae muchos más recuerdos de mis navidades pasadas que cualquier otra música o imagen de las que se repiten estos días. Recuerdo a mi madre en la cocina preparando pastas de naranja con la radio puesta, o a mi padre enviándome al quiosco por la tarde para comprar la edición vespertina del diario, en dónde publicaban la lista “de oído” de los premios, la lista no oficial que había que contrastar al día siguiente con la emitida por la ONLAE

Sí, hoy es el día de la lotería, hoy damos el pistoletazo oficial a las navidades 2015, aunque ya acumulemos en nuestro estómago y en nuestro hígado las celebraciones extraoficiales previas, y hayamos pasado las primeras resacas gracias a las comidas y cenas de amigotes o de empresa.

Hoy es también el día de la envidia, es uno de los días en que más detesto ver los telediarios, que me ofrecerán imágenes de insultante alegría de cientos de agraciados por la suerte celebrándolo en la puerta de la administración con una botella de cava barato o de sidra El Gaitero, mientras yo repaso mis decimos una y otra vez pensando que debe de haber algún error. Siempre he pensado que si un día me toca la lotería me voy al aeropuerto, y sin decírselo a casi nadie, y no a beber cava a las 12 de la mañana rodeado de cámaras y curiosos. Aunque esta forma de celebrarlo no deja de formar parte de esa costumbre española de dar envidia a los demás, lo importante no es celébralo, es que me vean, es que se entere todo el barrio y se mueran de envidia. Es como poner en Facebook la imagen de ese gintonic perfecto que yo me estoy tomando y tú no.  Es el día de la envidia, y conviene recordad que la fábrica de maniquís no existe, que si no has comprado lotería te jodes, y que en la empresa nadie te ha guardado el décimo, y menos aún si ha tocado. Es el segundo año que el anuncio de la lotería nos envía este mensaje buenista y falso, queriéndonos convencer de que la lotería es solidaridad y compartir, cuando todos sabemos que lo que se oye en la calle hasta el día 21 es “págamela ya, que si no la pagas no toca”

Es también el día de los tópicos, “lo importante es que haya salud” diremos si no nos ha tocado, si nos toca el reintegro diremos “lo jugamos para el niño, no?” y si nos toca algo más saldremos en la tele diciendo que lo vamos a utilizar para “tapar unos agujerillos”, mientras Mariano pensará que hemos vivido por encima de nuestras probabilidades. Escucharemos o diremos, también, la expresión “no me ha tocado por un número” algo que en el fondo jode bastante más.  Los tópicos en cierto modo dan sentido y continuidad a las tradiciones, y son también un recurso fácil al que recurrir cuando no tenemos mucho mejor que decir.

Y es también el día de la resignación, a la mayoría de la gente no le toca la lotería, y hoy experimentaran en cierto modo un pequeño sentimiento de resignación, esa frustración del que ha vinculado su suerte al azar, y el azar ha decidido no ser generoso con él. La resignación es una actitud lógica en estos casos como el de la lotería, en que nada depende de ti, y lo que te pase es mera cuestión de suerte. Sólo nos queda pensar en lo de la salud, y en que quizá nos toque en el próximo sorteo, si es que jugamos. Lo que me preocupa es la resignación de aquellos que sí que pueden hacer algo por cambiar su realidad, pero que deciden no hacerlo, o simplemente no deciden nada, y responsabilizan de su situación a un falso azar, a la vida, al tiempo… Tenemos que tener muy claro cuáles son las cosas que dependen de nosotros y cuáles no, y poner nuestro foco en aquellas en las que sí que podemos influir, que son muchas más de las que creemos. La resignación no deja de ser una actitud inútil, paralizante, que no resulta productiva. A veces las cosas son cómo son porque no ha salido nuestro número del bombo, pero otras veces las cosas son como son porque nosotros mismos no estamos haciendo nada para lograr que sean distintas. Es fundamental identificar estas situaciones y ponernos manos a la obra, si de verdad queremos que nos toque la otra lotería, la de verdad.

Y mientras tanto podemos seguir jugando al azar, porque nos gusta y porque nos divierte, pero sin olvidar que la verdadera suerte es la que nosotros podemos provocar.

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