Mi vida como Community Manager. Capítulo III. Buscando al responsable.
23 de mayo. 2011
Alguno pensaréis que me he saltado el capítulo dos de esta apasionante historia en la que quiero compartir con vosotros mi vida como presidente de esta, mi comunidad, de vecinos, pero he de deciros que el capítulo dos es tan fuerte que no puedo escribirlo, os lo prometo, ni tan siquiera contarlo… Quizá cuando escriba mis memorias podré desvelar más datos…
Así que pasamos directamente al capítulo 3, que bien podríamos titular “Buscando al responsable”.
A pesar de mi mutismo cuando estoy en casa para que se crean que no estoy, creo que alguien ha pirateado la señal de las cámaras de seguridad, las ha colgado en una web (espialpresidente.com) y se la ha enviado a los vecinos, que esperan ansiosos mi entrada el hogar, dulce hogar, para llamar de forma insistente al timbre hasta que no me queda otro remedio que abrir la puerta. A punto de desconectar el timbre he estado (como hace uno de mis vecinos cada vez que arma sus ruidosas juergas, para evitar abrir a los que suben a protestarle).
El otro día abrí la puerta a uno de mis amables vecinos que me contó su problema, con una mala leche impresionante, y finalizó sentenciando “tú no tienes la culpa pero te ha tocado, quiero que venga el fontanero, y que venga ya”, le dije que eso era un tema del administrador, pero me dijo que el administrador no mandaba un fontanero hasta dentro de unos días, así que era “mi obligación” que el fontanero viniese ya, y si no, que yo buscase otro fontanero… (La avería, por supuesto no era urgente). Trate de calmarle y le dije, “voy a hablar con el administrador, luego te mando un mail y te cuento” y me dijo algo así como “a mi déjame de mails, en una hora estoy aquí otra vez” (ahora entenderéis los que leísteis mi anterior post, qué hacía yo la semana pasada en un pueblo perdido, sin cobertura ni wifi).
El mismo día, según se va el atento vecino, me suena el teléfono (otro error de seguridad, para que luego digan de las redes sociales) y atiendo amablemente, (con talante e ineficacia, como algún otro presidente que conozco) a una vecina que me cuenta como los niños han saltado a su terraza a recuperar un balón que han colado por enésima vez. El tema de los niños y el balón me trae de cabeza, pues debido a lo mal delanteros que son, están destrozando el mobiliario de las zonas comunes y las macetas de la susodicha vecina, por lo que, en la última junta se declaró ilegal el juego del noble deporte del balompié en dichas zonas comunes. Y, cómo no, todos parecen estar de acuerdo en que soy yo el que tengo que ejecutar la sentencia de la junta. Así que he decidido actuar con congruencia, oportunidad y proporcionalidad, y me he limitado a poner carteles y hacer circulares informando de la prohibición, aunque la junta me urja a desalojar a los chavales (como me suena esta historia).
Si en el capítulo uno concluía afirmando que en esta vida todos buscamos que nos solucionen los problemas, en este post me gustaría hacer una reflexión sobre la búsqueda del responsable. Vivimos en una sociedad que busca responsables continuamente, en una sociedad que elude siempre su parte de responsabilidad. Todavía no he oído a nadie, político, trabajador, empresario, directivo o becario, decir “asumo mi parte de responsabilidad en esta crisis”, y no lo decimos por que en España pensamos que responsabilidad es sinonimo culpa, y aquí nadie se siente culpable. Pero si hacemos un ejercicio más profundo, responsabilidad es, o debe de ser, compromiso con la búsqueda de soluciones.
Si todos somos responsables, por ejemplo, de nuestra carrera profesional, quiere decir que cada uno de nosotros debemos de ser los que busquemos un futuro a nuestra carrera, y no deberíamos centrarnos en la busca de culpables para explicar situaciones adversas.
El otro día oía a un desempleado decir, el gobierno me tiene que dar un trabajo, y la expresión no deja de llamarme la atención. El gobierno, es entre otros agentes responsable de buscar soluciones, pero todos nosotros somos responsables de reinventarnos día a día para llegar a dónde queremos llegar.
En fin, que igual estoy pensando demasiado, y como, para mis vecinos, sigo siendo el responsable de que los niños anden “jodiendo con la pelota”, como cantaba Serrat, no me queda otro remedio que pensar en mi estrategia de desalojo.
Continuara…







Yo, como becario, asumo mi parte de responsabilidad en esta crisis… tenía que haberte hecho caso y manifestarme contra mi jefe, tal y como decías en post anteriores…
Comentario por Ángel — 23 mayo, 2011 @ 20:40
Buenisimo este post. No solo es divertido, tambien tiene mensaje y esta muy bien escrito. Cada dia disfruto mas leyendote. Enhorabuena
Comentario por la elfa — 1 junio, 2011 @ 16:29
Que sus me has pegado Carlos!!!, creí que ya que estas tan inmerso en las Redes Sociales, estabas haciendo el Master de Community Manager. Te puedo asegurar que para ser presidente de una comunidad de vecinos, hay que estudiar tres carreras por lo menos, además de un master en como lidiar con el persona sin miedo a que te linches.
Que te sea leve. Abrazos,
Elisa del Pino
Comentario por Elisa del Pino — 7 junio, 2011 @ 18:28
[...] saldrán a relucir los anuncios de los “tablones” y los niños de las “pelotas” (ver capítulo III). En definitiva, todo un reto para alguien que, como yo, está acostumbrado a trabajar con grupos, [...]
Pingback por Mi vida como Community Manager. Capítulo VII. La batalla final « Dosabrazos — 29 febrero, 2012 @ 16:14