Mi vida como Community Manager. Capitulo V. El Bien Común

25 de agosto. 2011

He de reconocer que tengo un periodo vago respecto al blog (disculpable por el periodo estival), pero como ya se va acercando septiembre, voy a ver si voy cogiendo ritmo. Y que mejor forma de coger ritmo que poneros al día de las aventuras y desventuras de esta difícil profesión de Community Manager, o lo que es lo mismo, presidente de la comunidad de vecinos, que me ha tocado en gracia desempeñar sin tener ni gota de talento (ni ganas) para ello.

Hace poco impartí con Tomás Zumarraga una conferencia sobre la actitud de los japoneses ante las dificultades. Una de las cosas que más repetimos en la ponencia fue la reflexión de cómo los japoneses miran siempre el bien común y sacrifican lo personal para bien de la comunidad y ese es uno de los factores de su exito como nación. Aquí en España (o al menos en mi comunidad) lo hacemos al revés, buscamos el bien individual, y para eso intentamos buscar el sacrificio de la comunidad.

Últimamente me está salpicando un asunto del que ya me habían avisado (tengo una vecina a la que le encanta avisarme de los marrones por anticipado). Al parecer hay un vecino que tiene comportamientos bastante extraños y poco sociales, por así decirlo, que se salen bastante de lo común, y que por romper la convivencia a veces, por ruidosos otras y por raros la mayoría, incordian bastante a algunos vecinos colindantes que están bastante a disgusto con la situación (que no deseo a nadie). Lo que os comento son comportamientos privados que afectan a otras personas privadas, y no son, a mi entender (ni al del administrador, que ya me he asesorado) asunto de la comunidad en modo alguno. Pero da igual, hay que desahogarse, y para eso está el presidente, así que en este mes he tenido a los colindantes contándome las penas y exigiendome pasar a la acción en la puerta de mi casa, y digo en la puerta porque alguno se me ha querido colar para “tratar el tema con tranquilidad” pero me he hecho fuerte bajo el marco de la puerta (en ocasiones agarrado a derecha e izquierda), y, como si de vendedores de enciclopedias o de testigos de Jehová se tratase, he impedido, con la mejor de mis sonrisas, el franqueo del acceso a mi dulce hogar (que no es propiedad comunitaria) o, por decirlo de otro modo, el allanamiento de morada. Entre los vecinos que han venido a compartir conmigo sus desgracias destaco a la vecina que me regañó porqué nunca estoy en casa (me parecía oir a mi madre cuando me decía “esto no es una pensión”), o a la que insistía en decirme que su marido nunca estaba en casa (no entendí tanta insistencia) o al que buscaba “testigos protegidos” para ir a denunciar al individuo objeto de sus preocupaciones.

En todo caso, al margen de lo ridículo de algunas situaciones, en todos los discursos encontraba el mismo argumento: “La comunidad es responsable de asegurar mi bien individual”. Es decir, al revés que los japoneses, no concebimos que lo que constituye bienestar es la búsqueda del bien común por encima del bien individual, sino que por el contrario consideramos que todos están a nuestro servicio, y así seguimos como seguimos…

Por lo demás sólo destaco una visita de la Policía Municipal, justo el día que yo había vuelto de viaje (no podían haberse presentado los días anteriores, no) para pedir unos papeles de la piscina, que, por supuesto, nuestro proveedor en esta materia no había presentado en el Ayuntamiento (La calidad de los servicios en su linea habitual). Lo más divertido era ver a mis vecinos en bañador (esto no es divertido) dando vueltas alrededor a ver si se enteraban de algo, que a alguno solo le faltaba silbar o leer el periódico con los dos agujeros hechos… Al fin y al cabo no les culpo, lo digo siempre, el ser humano necesita información, y si no la tiene se la inventa, y esto pasa en todas las organizaciones. Yo, por supuesto, como buen presidente, me limité a despachar con los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado y pasé de dar información a mis queridos convecinos. Al final me hice colega de los municipales que me prometieron no haber sido ellos los que me pararon una noche cerca de mi casa, y sin alcoholimetro previo, me hicieron dar amplios paseos por el barrio ante mi confesión de haberme tomado dos copas. (Pero esa es otra historia…) Así que he ganado dos amigos…pero estoy ganando demasiados enemigos…

Continuara…

compartir en

5 comentarios a Mi vida como Community Manager. Capitulo V. El Bien Común

  1. Pero por favor, cuales son esos comportamientos tan raros?

    Comentario por olga — 26 agosto, 2011 @ 15:24

  2. Digo lo mismo que Olga… que comportamientos son esos?, :) y la señora que te regaña por estar poco en casa me hace mucha gracia pero creo que tiene algo de razon, con tanto viajecito…. ya te desahogas de la comunidad.
    Cuando nos cuentas la historia de los paseos por el barrio por haberte tomado dos copas?.
    Un saludo.

    Comentario por Angeles — 31 agosto, 2011 @ 17:53

  3. Uf, comportamientos extraños. Lo que voy a contar a continuación parece surealista pero es auténticamente verdadero. En mi comunidad un buen día nos dimos cuenta de que “alguien” se orinaba en un rinconcito donde se ubican los buzones. Aquello era la guarreria más grande del mundo, habia veces que hasta éstos estaban manchados. Estuvimos con el problema un montón de tiempo, quisimos arreglarlo poniendo cámaras, pero claro, si pones cámaras tienes que avisarlo y entonces el meón dejaria de mear dentro del radio de la cámara. Por no alargarlo más, al final tres vecinas, una de ellas yo, nos turnamos para escondernos en el cuarto de contadores cuya puerta tiene una rejilla, subidas a una banqueta, y vigilar (más o menos sabiamos las horas en que echaba su meada). Hasta que le pillamos in fraganti. Fue una de mis vecinas quien le pilló, tuvimos que hablar con sus padres, era un menor, pero el mal trago fue tremendo. El chaval tendria algún problema, yo que sé, menos mal que sus padres reaccionaron sorprendidos, claro, pero con educación y evidentemente nunca más ocurrio nada parecido.

    Comentario por esperanza — 2 septiembre, 2011 @ 9:57

  4. En mi comunidad somos 7, (siete, menos de ocho y más de seis, insisto), y siempre hay algún problema que no comprendo.
    Tengo fama de rara y de pasota porque no me adhiero a las iniciativas como “que el del 2º izda no suba la maleta haciendo ruido”, “que las del 3º dcha no reciban a tantos amigos”, “que no se haga ruido al subir o bajar las persianas”…
    No creo que sea cuestión de buscar el bien individual, sino del aburrimiento que arrastra el vecindario…

    Comentario por Humo — 4 septiembre, 2011 @ 10:46

  5. Tus vecinos… no saben que este blog existe… verdad? uff.. Hiroshimaaaaa y Nagasakiiiiiii … juego de niños comparado con lo que te puedan hacer…

    Comentario por Natalia — 8 septiembre, 2011 @ 10:39

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

subir