Día 18: Me gusta la Navidad
18 de diciembre. 2011
Acabo de llegar de ver la “inauguración” de la Navidad en Madrid, un espectáculo de luz y de sonido que se realiza desde hace algunos años (con algunas interrupciones) en el Palacio de Gallardón, o sea en el Ayuntamiento de la capital. Aunque ha sido más corto que hace unos años la verdad es que el espectáculo vale la pena, aunque sólo sea por ver a la gente emocionarse al ver la imagen de los Reyes Magos proyectada en el antiguo Palacio de Correos. Antes he paseado por la Plaza Mayor, por la Puerta del Sol y he visto el belén napolitano de San Ginés, y reconozco que cada vez me gusta más la Navidad, y sobre todo en Madrid. Como sabéis la semana pasada estuve visitando algunos mercadillos de Navidad en Alemania, y comparando con la Plaza Mayor, ¿qué queréis que os diga? El nuestro es más pequeño, más sencillo e incluso más paleto, pero es tremendamente más divertido y entrañable, tiene un sabor especial, te encuentras todo tipo de personajes con cara de felicidad, sin sentido del ridículo, paseando con pelucas y gorros de lo más absurdo, y en cualquier momento da la impresión de quete vas a encontrar a Pepe Isbert buscando a Chencho entre la multitud, (que multitud, hoy, sí que había)
Así que lo dicho, me gusta la Navidad, y soy consciente de que hay gente que la detesta y que la odia, que en vez de traerle sensación de alegría le trae una terrible sensación de nostalgia y de tristeza. Hoy he leído un twett que decía “Los que os deprimís en Navidad sois los mismos que os deprimís todo el año”, me ha gustadom y creo que algo de verdad hay en esa frase, aunque no del todo. Soy consciente que mucha gente vive con amargura la Navidad por el recuerdo de los que ya no están. Las familias que han perdido a alguien durante el año, o si lo perdieron en estas fechas se encuentran con una cuesta arriba difícil de remontar.
Hoy también leo como una asociación de Alicante que ayuda a personas en proceso de duelo, ha ofrecido una conferencia titulada “Es Navidad. Hay una silla vacía” tratando de orientar y apoyar a las personas que han vivido esta situación. Esta silla vacía es una situación realmente dura, en especial porque tendemos a celebrar las navidades siempre con los mismos patrones, y cuando algo cambia se nota de manera especial. Cuando esa silla deja de estar llena, y cuando esa voz se apaga en un encuentro en el cual siempre ha estado presente, el vacío y el silencio se pueden hacer aún más grandes y , en ocasiones, insoportable.
Yo recuerdo especialmente la primera Nochevieja sin mi padre, el momento de los besos tras las campanadas fue el más tenso de todos, nadie dijo nada, pero todos notamos que nos faltaba un beso. Una cosa hicimos muy bien, y fue cambiar el lugar de celebración para no tener que soportar “su lugar” vacío, aún así nos faltaba ese beso…
Pero superada esa prueba me siguen gustando las navidades, creo que es un buen momento para estar con los vivos y dar gracias por los momentos de alegría que nos dejaron los que se fueron. Si yo tuve unas navidades felices, en las que mi padre se disfrazaba de Papá Noel, me llevaba a ver la cabalgata de Reyes o a pasear por la Plaza Mayor, no pueden dejar de gustarme porque ya no esté, al revés tengo que demostrarme a mi mismo que aprendí a vivirlas de su mano con los ojos de un niño y que nuca debería dejar de hacerlo, así que sí, soy un bicho raro, pero me gusta la Navidad y hoy la hemos inaugurado en Madrid.







Sí que a veces el esfuerzo tiene que ser grande Carlos. Nosotros perdimos a mi hermana hace 16 años y desde ese año la cena de Nochebuena pasó a celebrarse en mi casa en vez de en la de mis padres, pero hace cinco años, el 31 de Diciembre, murió mi madre, ¡qué quieres que te diga! miro a mi hijo y tiro “p’alante”, ahora ya no podemos cambiar otra vez de casa, de hecho, todas las fiestas menos Reyes son ya en mi casa, pero hago lo imposible por disfrutarlas, a mi marido le pasa como a tí, le encanta que paseemos por la Plaza Mayor, las luces, el ambiente, y si hay niños pequeños es aún más hermoso todo.
Comentario por esperanza — 19 diciembre, 2011 @ 9:15
Uf se me han saltado las lagrimas, nudo en la garganta.
jeje
No sabia que tu padre se disfrazaba de Papa Noel, claro que tiene sentido ya que Papa Noel no existe asi que alguien tendra que disfrazarse
Comentario por laelfa — 20 diciembre, 2011 @ 11:21
Yo que sólo suelo tener algún rato muerto en el curro para poder seguirte, parezco una boba intentando evitar que los compañeros se den cuenta de la lagrimilla contenida.
Las Navidades son muy duras cuando pierdes a alguien, cuando las cosas cambian… Yo misma al inicio de estas Navidades estaba bastante ploff, triste porque las mías están cambiando a cada año sin parar, y siendo un mero reflejo de lo que fueron hace unos años, con hasta 20 personas en torno a una mesa (bueno, en realidad eran tres).
Pero por otro lado, miro a mi alrededor y entiendo que no es el momento de venirse abajo. los besos que faltan siempre duelen, pero los que sigues teniendo o los que pueden llegar nuevos se saborean y saben a familia, a felicidad y amor. Mi madre odia la Navidad pero cada año decora toda la casa porque yo la adoro. Este fin de semana voy a regalarla un árbol nuevo =)
Comentario por Mery — 20 diciembre, 2011 @ 11:45
Me ha encantado esta publicación. Debo reconocer que me fascina la navidad tanto como mi cumpleaños, sobre todo por el ambiente, mercados, luces, decoración, estar con la familia, reflexionar como ha sido el año y darnos el momento aunque sea “obligado” de compartir y estar en paz con quienes amamos y tan pocas veces lo expresamos. Para mi esta ha sido una navidad distinta, sola y lejos de casa, pero no por eso me deja de gustar, sino que, debemos disfrutar también de forma distinta de esta hermosa fiesta. Que llene nuestros corazones de mucho amor y paz.
Comentario por gisselle — 22 diciembre, 2011 @ 19:38